Científicos documentan por primera vez en Panamá la presencia del pez candela (Lebiasina boruca), revelando una conexión biogeográfica entre los ecosistemas de agua dulce de Costa Rica y el occidente panameño.

En pequeños arroyos de la provincia de Chiriquí, donde el agua avanza entre hojarasca, arena, grava y vegetación ribereña, un pequeño pez está ayudando a ampliar nuestro conocimiento sobre la biodiversidad de Panamá.
Se trata de Lebiasina boruca, conocido como pez candela, una especie de agua dulce que hasta ahora había sido documentada en la vertiente del Pacífico de Costa Rica. Un nuevo estudio publicado en la revista científica Check List presenta el primer registro formal y revisado por pares de esta especie en Panamá, a partir de observaciones y ejemplares encontrados en las cuencas de los ríos Escárrea y Chico, en Chiriquí.
El hallazgo amplía el rango conocido de L. boruca aproximadamente 48–55 kilómetros hacia el sureste, desde sus registros confirmados más cercanos en la cuenca transfronteriza del río Coto, en el sur de Costa Rica. Pero su importancia va más allá de añadir una especie a una lista.
Una pieza que faltaba en el mapa
Los peces de agua dulce de Centroamérica tienen una historia estrechamente vinculada a la evolución del paisaje. En el istmo, las cuencas hidrográficas pueden estar separadas por montañas, cambios geológicos y procesos que, durante miles o millones de años, han influido en la distribución de las especies.
La región occidental de Panamá y el sur de Costa Rica forman parte de la provincia ictiológica de Chiriquí, caracterizada por una alta diversidad de peces de agua dulce y fuertes afinidades biológicas entre ambos territorios. Por ello, la ausencia de registros de Lebiasina boruca en Panamá había dejado un vacío en el conocimiento de su distribución. El nuevo registro ayuda a completar ese mapa.
Además, L. boruca se convierte en la tercera especie del género Lebiasina registrada formalmente en Panamá, junto con Lebiasina panamensis y Lebiasina festae.

El pez que estaba en los pequeños arroyos
Encontrar esta especie también nos recuerda que estudiar la biodiversidad requiere mirar más allá de los grandes ríos.
Los investigadores realizaron observaciones y muestreos en pequeños cursos de agua de baja elevación, caracterizados por aguas poco profundas, corrientes lentas o moderadas, acumulaciones de hojarasca y vegetación ribereña.
Estos son precisamente algunos de los ambientes que pueden pasar desapercibidos durante los estudios tradicionales, que históricamente han tendido a concentrarse en los canales principales de los sistemas fluviales.
Durante el trabajo de campo, realizado en 2021 y 2025, los investigadores enfocaron sus esfuerzos en márgenes poco profundos, zonas de corriente lenta, pozas estacionales y áreas con vegetación sumergida y acumulación de hojas, hábitats donde suelen encontrarse especies de este grupo.
La presencia de L. boruca en estos ambientes demuestra cuánto pueden aportar los pequeños tributarios y arroyos al conocimiento de la biodiversidad de un país.
Una especie pequeña, una historia científica más grande
El pez candela puede alcanzar poco más de cinco centímetros en los ejemplares documentados en este estudio. Su cuerpo es alargado y presenta una coloración plateada, con una superficie dorsal marrón oscura y llamativos tonos rojizos y anaranjados en algunas de sus aletas y escamas.

Para confirmar su identidad, los investigadores combinaron características morfológicas, mediciones, conteos y patrones de coloración, y compararon los ejemplares panameños con material de referencia de Costa Rica.
Uno de los ejemplares recolectados en la cuenca del río Escárrea fue preservado como ejemplar de referencia científica (voucher) y depositado en la colección de peces del Museo de Biología Marina y Limnología “Luis Howell Rivero” de la Universidad de Panamá, donde queda disponible para futuras investigaciones.
Así, el descubrimiento no termina con encontrar un pez: queda incorporado a la memoria científica del país y puede servir como referencia para nuevas investigaciones.
Conocer antes de proteger
El estudio también plantea una pregunta fundamental: ¿qué tan extendida está realmente esta especie en Panamá?
Por ahora, los registros son limitados. Los investigadores señalan que todavía no es posible determinar si L. boruca está ampliamente distribuida, si sus poblaciones son naturalmente poco abundantes o si enfrenta amenazas locales. Para responder estas preguntas serán necesarios nuevos estudios que permitan conocer su distribución, abundancia, requerimientos ecológicos y estado de conservación.
Y existe otra razón para continuar investigando.
Los sitios donde fue registrada la especie no se encuentran dentro de áreas legalmente protegidas y están rodeados por un paisaje transformado por actividades agrícolas y ganaderas. La pérdida de vegetación ribereña, la modificación de pequeños cursos de agua y la escorrentía de fertilizantes y otros agroquímicos son factores que podrían afectar estos ambientes.
Esto no significa que la especie esté actualmente amenazada (el estudio no permite establecerlo), pero sí señala la necesidad de generar más información antes de que podamos comprender plenamente su situación.
La conservación también comienza en los ríos
En MarAlliance creemos que la conservación comienza con el conocimiento.
Cada nuevo registro, cada especie documentada y cada ecosistema estudiado ayudan a construir una imagen más completa de la biodiversidad que compartimos y de las relaciones que conectan nuestros ecosistemas.

Aunque MarAlliance desarrolla gran parte de su trabajo en torno a la megafauna marina, los hábitats críticos y las comunidades costeras, comprender la biodiversidad de los sistemas de agua dulce también forma parte de una visión integral de la conservación. Los ríos, sus bosques ribereños y sus pequeñas quebradas forman parte de paisajes conectados que, finalmente, desembocan en el océano.
El estudio de Lebiasina boruca es, en ese sentido, mucho más que el registro de un pequeño pez. Es una invitación a mirar más de cerca.
Porque todavía existen lugares en Panamá que guardan historias que la ciencia apenas comienza a revelar. Y cada una de esas historias puede ayudarnos a comprender mejor qué tenemos, dónde está y qué necesitamos hacer para conservarlo.
El estudio
Fraiz-Toma, A.E. et al. (2026). First record of Lebiasina boruca (Bussing, 1967) (Characiformes, Lebiasinidae) from Panama: a range extension. Check List 22(5): 810–818. Publicado el 14 de septiembre de 2026.
El estudio contó con la participación de investigadores de MarAlliance, la Universidad de Costa Rica, la Universidad Marítima Internacional de Panamá (UMIP) y la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCÓN), así como de investigadores afiliados al Sistema Nacional de Investigación (SNI) y al Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI).
DOI: 10.15560/22.5.810.